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El Espejo Empañado: Ayapel entre el Brillo del Oro y la Muerte del Agua

  • 2025-12-10
  • Publicado por: Cayavisión
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Por: Álvaro Enrique Jiménez

Un defensor del patrimonio ambiental.

 

La joya amenazada

La Ciénaga de Ayapel no es solo un cuerpo de agua; es el corazón palpitante de nuestra región, un inmenso espejo natural que durante siglos ha reflejado el cielo de Córdoba y ha sustentado la vida de sus habitantes. Sin embargo, este patrimonio, que es parte fundamental de nuestra identidad, se encuentra hoy bajo un asedio silencioso pero letal. Las aguas del Río Cauca, que deberían ser fuente de vida, se han convertido en arterias que transportan el veneno de la minería ilegal, amenazando con apagar para siempre el brillo de nuestro humedal.

El falso brillo de la codicia

Existe una paradoja dolorosa que se vive en las orillas de nuestro complejo cenagoso. Por un lado, está la economía del oro de aluvión, una actividad que promete riqueza inmediata y soluciones rápidas a la pobreza. Es el brillo metálico que deslumbra y seduce, llenando bolsillos de manera efímera. Pero por el otro lado, pagamos un precio impagable: la destrucción de nuestra casa.

La minería ilegal, que opera vorazmente en los alrededores y cuenca arriba del Río Cauca, vierte toneladas de sedimentos y mercurio que terminan decantándose en el fondo de la Ciénaga de Ayapel. El contraste es desolador: mientras el oro brilla en las manos de unos pocos, el espejo de agua pierde su luz. Lo que antes era cristalino y azul, hoy se torna turbio y pesado. La belleza escénica se desvanece bajo una capa de lodo tóxico, y la biodiversidad —nuestra verdadera riqueza— muere asfixiada. Hemos cambiado la eternidad de la naturaleza por la inmediatez del dinero, permitiendo que la codicia empañe la belleza que nos define.

Un llamado a los hijos de Ayapel

Este es un mensaje urgente para los hijos de Ayapel. No podemos seguir siendo espectadores de nuestra propia tragedia. La identidad de los ayapelenses no está en el gramo de oro arrancado a la fuerza de la tierra, sino en la canoa que navega la ciénaga, en el pez que alimenta a la familia y en el atardecer que se refleja en el agua.

Es imperativo que reaccionemos. Debemos dejar atrás la codicia ciega del dinero fácil que la minería ilegal ofrece. Esa riqueza es un espejismo; hoy da pan, pero mañana dejará solo un desierto de agua envenenada donde nada podrá crecer ni vivir. Defender nuestro patrimonio ambiental no es solo una tarea ecológica, es un acto de supervivencia cultural. Si muere la ciénaga, muere una parte de lo que somos.

La exacerbada por la explotación minera irresponsable nos ha puesto en una encrucijada histórica.

La invitación es clara y contundente: recuperemos la dignidad de nuestro territorio. Que el brillo que busquemos no sea el del oro manchado de mercurio, sino el brillo recuperado de nuestras aguas limpias. Es hora de que la comunidad se levante, no para destruir, sino para proteger este tesoro que nos fue prestado por nuestros abuelos y que tenemos la obligación sagrada de entregar a nuestros hijos.

La Ciénaga de Ayapel aún respira, pero su aliento es débil. La contaminación traída por el Río Cauca y exacerbada por la explotación minera irresponsable nos ha puesto en una encrucijada histórica.

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